
”PAJARITA” Tabla de 70x75.- Este óleo lo pinté inspirado en una historia que me contó mi abuelo, siendo yo muy pequeño. Un vecino, que cazaba pajarillos con red y vendía los que resultaban muertos a los bares, que los servían como “tapas” (fritos), y los que eran cantores, los vendía como tales, a los aficionados de sus trinos, regaló un jilguero muy cantor a su vecina Lola, que lo cuidaba con esmero, sacándolo al patio de la casa todos los días, colgando la jaula junto a su ventana, poniéndole entre sus barrotes de alambre una hoja de lechuga fresca, renovándole el agua cada día, soplando el alpiste y rellenando con nuevo, el comedero. Le hablaba y le tiraba besitos continuamente.
El pajarito respondía regalándole sus trinos durante todo el día hasta la llegada de la tarde-noche, cuando Lola lo recogía dentro de su casa.
Un día, el pajarito se murió. El vecino cazador quiso regalarle otro, pero ella no aceptó. No quiso sustituirle.
Pasados unos días, comenzó de nuevo a sacar su jaula al patio, pero en su interior había una pajarita de papel. Lola seguía hablándole, tirándole sus besos, poniéndole la hoja de lechuga fresca, cambiándole el agua y el alpiste, y recogiéndole adentro al llegar la noche. Así la pinté. Inmersa en su tarea.
Nunca me gustaron las jaulas, porque las considero cárceles para inocentes pajarillos que, permanecen toda su vida reos, no para expiar culpa alguna, sino por tener el maravilloso don de trinar y alegrar el corazón y los oídos de los hombres.
Algunos pensarán que Lola no estaba en sus cabales, por lo de la pajarita de papel. Pero mi abuelo me aseveró que su cordura era y fue siempre normal. Tan normal como la de cualquiera que hubiera tenido a su marido preso, durante todo el tiempo que su jilguero vivió. Ambos, marido y jilguero fueron buenos “cantaores”. Ambos estuvieron presos. Ambos murieron y dejaron de cantar. La pajarita de papel fue, seguramente, el símbolo que, de ambos, quiso guardar Lola, durante los años que aun vivió.

“MINOTAURO”. Tabla de 60x59.- Este óleo fue un resultado de
que pinté con anterioridad, que titulé “TORITO”. Me imagino qué nos diría el toro si pudiera hablarnos. Porque, una cosa es matar a un animal para comer, y otra, matarlo lentamente, añadiendo sufrimiento a sufrimiento en un Coso cretense resucitado de los aquelarres mas negros de una cruelísima historia, que creíamos ya superada por la civilización y la cultura, pero que al parecer, en nuestro país, se empeña en sobrevivir amparándose en la tradición, olvidando que las tradiciones pueden ser perversas y, las que lo son, deberían ser abandonadas. Los británicos abandonaron la muy inglesa “caza del zorro”con toda la parafernalia que la rodeaba. La República española hizo también lo propio con la Fiesta de los Toros. La Monarquía que tenemos, en cambio, encomienda su supervisión, nada menos que a una Comisión del Senado.
Me costó pintar la cara del minotauro para conseguir una expresión de tristeza, como si preguntara ¿POR QUÉ me hacéis esto?. ¿Acaso mi cuerpo no tiene terminaciones nerviosas, como las tiene el vuestro, que acusan el dolor?.
Y me acordé de aquel otro “por qué” que Otro Humillado pronunció desde una cruz romana, mientras se mofaban de El divirtiéndose. Por eso lo pinté de rodillas y en cruz, como si preguntara al pueblo español: “¿por qué?, ¿hasta cuándo?.”
“VERDUGO”. Tela de 72x60.- Este óleo sigue ahondando en el mismo pensamiento del titulado “MINOTAURO”. Admiro la Revolución Francesa por los principios que introdujo en el ser humano que, quiérase o no, son la base del sistema democrático adoptado ya, por casi todos los pueblos de la tierra.
Pero el común de la gente se reunía en la plaza para ver caer la guillotina, como en España, para ver quemar a los reos de la Santa Inquisición o en la Roma antigua, para ver luchar y morir a hombres contra hombres o contra fieras.
La gente quiere espectáculo, y si corre la sangre en ellos, mucho mejor. El famoso y maquiavélico “pan y circo” funcionó y parece que funcionará siempre. Por eso, porque funciona, no ha sido aun abandonado.
Los Toros, son una reminiscencia de este lado oscuro del alma humana, que encuentra divertimento ante la contemplación del dolor.
No hay arte en los Toros. El color rojo de la sangre borra todos los demás colores; el de los vestidos de gitanas, el corto de los camperos, el de los bordados de los capotes de paseo de los toreros, el de sus vestidos ceñidos, el color de los pasodobles, el de los mantones de Manila, el de los claveles en las solapas de los hombres y en el pelo de las mujeres.
Los mugidos quejumbrosos de los toros, borran los gritos y olés eufóricos de las gentes que conforman el “respetable” que, lejos de respetar al astado, contempla sin inmutarse su lenta y calculada agonía, que va acrecentándose en cada tercio hasta el estoque, la puntilla y, algunas veces, hasta el mismo carnicero que, excepcionalmente, aun lo encuentra vivo cuando va a despellejarle.
“No señores. No es esto” decía Ortega y, nosotros, aplicándolo a los Toros, deberíamos decir lo mismo.
El toro se merece una corona de flores como lo pinté, o de laureles, porque es el mártir sufriente de una inexplicable tortura, previa a su muerte.

“FIESTA ESPAÑOLA”. Dibujo de 20x30.- Los Toros y el flamenco se han considerado en el extranjero como tipismo de España, equivocadamente, porque el cante y baile flamenco no son símbolos de España, sino de Andalucía; como la sardana lo es de Cataluña y la jota, de Aragón. Pero la Fiesta de los Toros, es símbolo de España entera, porque en todas las comunidades autonómicas existen las plazas de toros y se celebran festejos taurinos de diversa índole, en casi todas las provincias y pueblos del país. De ahí, mi dibujo y su título. Así lo decidieron algunos y, así continuará siendo si no ponemos remedio a la situación.
Este, digamos, minotauro, no tiene la cabeza entera de toro, sino sólo una parte de ella: las astas. El símbolo de su fuerza y bravura. El resto del cuerpo es de hombre. De un hombre torero. Con esto no pretendo insultar al torero, sino todo lo contrario, darle
al torero la fortaleza y la bravura del toro, o sea: insuflarle su misma valentía. Miguel Ángel esculpió a Moisés con cuernos, lejos de para insultarle, para expresar la fuerza y el poder del profeta y legislador hebreo.
De hecho, es proverbial la “valentía torera” en nuestro vocabulario. Bien. Señores reguladores del reglamento taurino de la Comisión del Senado: No dudando de la valentía torera del matador, introduzcan en el Reglamento este cambio: EL TORO NO PODRÁ SER PICADO, NI BANDERILLEADO, NI DOPADO. DEBE SALIR A LA PLAZA Y CONTINUAR EN ELLA CON TODA SU FUERZA Y ENERGÍA. ASÍ DEBE SER TOREADO CON CAPOTE Y MULETA, PASANDO LUEGO A LA SUERTE DE MATAR.
Así asistiría el público a un verdadero duelo entre el torero y el toro, en lugar de asistir a una verdadera ejecución del animal.
No se desangre al toro con las puyas ni las banderillas. Cánsenlo con el capote y la muleta y pasen a matar.
De esta manera la Fiesta delos Toros sería mas justa, aunque tampoco así tendría mi aprobación, ya que el número de toreros muertos aumentaría enormemente. Pero con el
modo actual de celebrarse la Fiesta, no se puede hablar de “valentía torera”, por cuanto todo está calculado para provocar el desangrado, su debilitación paulatina, que permite el lucimiento del torero ( la faena), para así matar al toro, lo mas cerca posible del momento en que doblaría y caería por sí mismo, debido a sus heridas. De hecho, cuando
se calcula mal el tiempo útil, algunos toros ya no embisten, se van a morir a las tablas y hasta, incluso, se echan en tierra y hay que levantarlos para que se les pueda estoquear.
Esta Fiesta debe ser borrada como se borraron otras. Las tradiciones, por muy antiguas que sean, si no son buenas y honrosas, deben abandonarse. Abandonamos la quema de moriscos, judíos y protestantes, la intolerancia religiosa y política, el garrote vil, el acendrado machismo, el ahorcamiento de galgos después de la temporada de caza, los duelos de “honor” a sable o a pistola, etc., etc.
También podemos hacer que la Fiesta de los Toros y todos los eventos pueblerinos donde se corre y se maltrata a este noble animal, sean huellas de un pasado superado por la democratización de la cultura y mayor concienciación de nuestro pueblo.

”SUEÑO”. Tabla de 69x70.- Este óleo lo pinté inmerso en eso que llaman la crisis de los cuarenta, aunque a mí me llegó algo mas tarde. Es un autorretrato. El único que he hecho. Vestía, cuando podía hacerlo, de la manera informal que aparece en la pintura y fumaba mucho en pipa. Aún tengo una pequeña colección de ellas que usé hasta el año dos mil, cuando dejé de fumar por prescripción médica, después de sobrevivir al primero de mis infartos.
Siempre se dijo que la población femenina superaba en siete a la masculina, por lo que, hechas las cuentas, a cada hombre tocaban siete mujeres. Así que pinté a mis siete, rodeándome en un corro, mientras yo permanecía absorto en mis pensamientos, acompañado del oloroso humo de mi pipa.
Todo era un sueño, una abstracción, por lo que rodeé al grupo que formábamos de una corona flotante, hecha con la silvestre margarita, la flor mas sencilla y común. Después de todo, era mi sueño y, aunque las pinté desnudas, no habían sentimientos lascivos que pudiera transmitir a mi casto pincel, sino mas bien, la frustración de un bíblico Patriarca polígamo, generador de su propio clan y estirpe, a quien esta particular circunstancia, no impedía su espiritual relación con lo divino.
El sueño me duró mientras pintaba el cuadro. Cuando lo terminé, nunca mas volví a soñarlo. Hoy pienso que sólo fue una fugaz licencia machista, que me permití antes de regresar a la cotidianidad.

“NAZARENO TORERO”. Dibujo de 20x30.- Nuestra peculiar manera de celebrar la Semana Santa atrae y fascina a los extranjeros. Algunos quedan sorprendidos ante las largas filas de nazarenos que, con sus velas y cruces, recuerdan al Ku-Klus-Kan norteamericano, desfilando públicamente, ocultando su identidad tras las caperuzas, como los verdugos y terroristas. Porque, salvo el Guerrero del Antifaz, el Zorro y los indígenas Zapatistas, todo aquel que oculta su rostro, es como si quisiera ocultar su alma. Por eso también lo hacen los presuntos delincuentes, cuando son detenidos o llevados a juicio.
Estas caperuzas puntiagudas también las llevaban los penitentes en siglos pasados. Era una manera de resguardar su intimidad, mientras hacían penitencia por sus pecados. Sólo a los reos de la Inquisición se les prohibía tapar sus rostros. Sus caperuzas carecían de esa parte que cubre la cara. Con el capirote y el traje de sambenito puesto, llevaban sus rostros descubiertos para mas denigrarlos, mientras los conducían hacia el patíbulo, donde eran azotados o quemados en la hoguera.
Los penitentes voluntarios tenían el privilegio de ocultar su cara y hacían el recorrido penitencial en total anonimato. De ahí provienen los “nazarenos”. Aunque hoy, la mayoría de ellos lo hacen por la fiesta en sí, sin nada que ver con la penitencia. Como tan solo unos días después, en la Feria, también se vestirán de gitanas y de camperos y asistirán a los Toros, si hay un aceptable cartel.
Esa versatilidad es la que nos caracteriza. Pero no es culpa nuestra. Nos han obligado a doblegarnos ante los distintos vientos que la Historia sopló sobre Andalucía.
Éramos paganos y aceptamos todas las culturas y religiones que iban llegando nuestra tierra. Adoramos a la diosa fenicia Astarté, “la reina de los cielos”. También se adoró a Diana, diosa de la “virginidad perpetua” y "blanca paloma". Títulos traspasados a la virgen María que ocupó sus puestos. Luego aceptamos el Cristianismo arriano y el Catolicismo con sus vírgenes, que supimos sustituir por las diosas antiguas, celebrando sus mismas fiestas y peregrinando hacia los mismos lugares.
Pensando en estas cosas, es que hice este dibujo del nazareno torero. La talla hallada en El Carambolo, cerca de Sevilla, y de la que el museo de Cádiz guarda algunas estatuillas, que al parecer, tuvo un santuario en las marismas de Huelva. A Diana también suele representarse en algunas pinturas, bajo una paloma. De ahí el nombre de “la blanca paloma” dado a la virgen del Rocío.
“SOR”. Tabla de 24x33.- Pinté este cuadrito al óleo haciéndome al, casi general consenso, que existe en gran parte de la sociedad, sobre las monjas, sus claustros de clausura, sus conventos, sus colegios de señoritas y sus asilos, sobre todo en la época en que el Dictador vivía.
Casi todo el mundo tenía buena opinión de las que eran misioneras y de las que, en hospitales y asilos, desarrollaban una labor social encomiable.
También falsificaron o colaboraron a falsificar las adopciones de miles y miles de niños hijos de republicanas fusiladas, para entregárselos a los matrimonios fascistas. No hicieron copias de aquellas adopciones ilegales, sino que a todo dijeron Amén.
Las de los conventos y escuelas, tenían otra calificación manifiestamente mejorable.
Las escuelas tenían dos clases de alumnas: las de pago y las de caridad. Estas últimas sólo aprendían a rezar, coser y las cuatro reglas, por lo que tras años de asistencia a clases, salían prácticamente, siendo analfabetas funcionales. Con las de pago, eran diferentes. Salían preparadas para el Instituto y en algunos colegios, hasta hacían el Bachiller Elemental.
Está claro que las había buenas y malas, pero yo quise pintar aquí a la antítesis de Teresa de Calcuta: las que, carentes de una vocación de servicio, contribuyeron, con su mal ejemplo, al aumento del anticlericalismo imperante en la mayoría del pueblo llano; las que desconociendo quizá que “Dios está también entre los pucheros”, como dijo la de Ávila, prefirieron servir al Diablo dentro de las vidrieras coloristas de las iglesias, buscando su personal beneficio, eludiendo el azote del hambre y la miseria de aquellos días aciagos para la mayoría del pueblo español. Vivieron, no como esposas de Cristo, sino como sus ricas viudas: disfrutando de su herencia y su pensión. Nada que ver con la viuda de Sarepta de Sidón que alojó al profeta Elías (1 Reyes, cap. 17) , ni con la viuda que vio el Señor echar dos pequeñas monedas en el arca de las ofrendas del Templo, que eran “todo su sustento”(Evangelio de Lucas, 17.1-4).
El Dictador, dada su proverbial beatería, nunca permitió que el clero participara del hambre y la escasez del pueblo. Por eso no había crisis de vocaciones y los conventos y seminarios estaban llenos a rebosar.
Cuando era chico, veía pasar por Capuchinos interminables filas de “salmonetes”, de seminaristas, ataviados con bufandas o estolas rojas sobre los hombros , birretes, negras sotanas y zapatos que eran la envidia de la chiquillería harapienta, que sólo vestían ropa usada y remendada, calzando sus pies con sandalias de goma o alpargatas.
Entonces, no tenían que importar curas, frailes ni monjas de Sudamérica o de África, para no tener que cerrar parroquias y conventos por falta de “personal”, como sucede ahora.

“PERICO EN EL INFIERNO”. Tabla de30x45.- Dos veces he pintado al Diablo: en el óleo de “Sor” y en éste. En el de la monja mala, está disimulado en la vidriera y en éste, está azuzando el fuego para fastidiar al pobre Perico. Ambos con los clásicos cuernos y el tridente. Si lo hubiera pintado tal cuál es, tendría que haberle puesto la cara de Hitler, de algunos de sus grandes amigos, de Stalin, Bus, Nixon, u otros de los que desataron las guerras de Vietnan, Afganistán, Irak, etc., que últimamente, han desangrado al mundo. También hubiera servido la cara del Papa que guardó silencio ante el Holocausto Judío, o de los que siguen sacrificando en el mismo altar a los Kurdos o a los Palestinos.
Satanás tiene tantas caras que, para que nadie se enfade, mejor lo pintamos con la de siempre: la de macho cabrío con rabo y tridente.
Perico no fue nunca a Misa. Le bautizaron porque era la costumbre, pero jamás se confesó ni comulgó, ni llevó santos o vírgenes a cuestas, ni hizo ningún camino: ni el de Santiago, ni Fátima, ni Lourdes, ni el del Rocío. No rezó nunca rosario, ni besó estampas de nadie, ni la mano del Papa, ni la de cura alguno.
Perico vivió su vida sin meterse con nadie, trabajando como un burro, ni mató, ni tampoco robó.
Con historial tan poco brillante, no le enviaron al Cielo cuando se murió, sino al Infierno, a donde se marchó sin protesta alguna. Pero aunque provenía de Córdoba, “la sartén de Andalucía”, el calor del Infierno le era insoportable. Así que le pidió a Dios que le permitiera tener su refrescante botijo y...!Dios se lo permitió!. Satanás no pudo quitárselo, por lo que azuzaba mas el fuego. Pero Perico, alargaba mas el chorro de su inagotable botijo.
En cambio al rico Epulón (me parece que así se llamaba), no le permitieron ni siquiera mojar sus labios para refrescarlos de tanta llama.(Evangelio de Lucas, cap. 16. v.24).
Y, es que mucho me temo que, el botijo sólo lo permite Dios a las gentes que son como Perico.

”SOLA”. Tabla de 24x33. Óleo.- Así estaba en la barra del bar. Cuando cumpliera mas años y bajara su cotización, también bajaría su status. Iría a las calles, con calor o con frío, para practicar su oficio. Otros años mas y, ya ni siquiera podría elegir a sus clientes, teniendo que aceptar a individuos que, de joven, habría rechazado y ...¿quién sabe si caería o no en la droga, si se contagiaría o no del sida, o cómo acabaría?.
No todas están dispuestas a cambiar el rumbo.
No todas están dispuestas a ser Magdalenas. Los “días de vino y rosas” no durarán siempre. Tras ellos, suele esperar la fría y triste soledad que no es otra cosa, mas que los números rojos del amor derrochado.
El Estado, sí papá Estado, debería hacer algo por ellas, porque si no lo hace el Estado, nadie lo hará. Y nadie debería decir: "ellas se lo han buscado". Menos aun si quien lo dice, se tiene por cristiano.